El presidente de Ecuador, Rafael Correa, impulsa reformas universitarias que parecen ir a contramano de la ideología que profesa, porque propone duras evaluaciones con cierre de las instituciones que no las aprueben y un sistema de selección de alumnos basado en el mérito, por el cual sólo los más talentosos vayan a la universidad

El gobierno izquierdista de Correa realiza un importante reajuste del sistema, que incluye a 71 universidades y 621.000 estudiantes. Ese esfuerzo comenzó de verdad a finales de 2009, cuando el gobierno realizó una evaluación de las universidades del país, calificándolas de la A a la E. 

Este año, por primera vez, la admisión a las 29 universidades públicas del país, que tienen cerca de 70% de todos los estudiantes, se basará en un examen de aptitudes. Su propósito es sustituir el sistema caótico, a menudo injusto, por el cual muchos estudiantes ingresaban a escuelas porque conocían a personas que tirarían de algunos hilos. Otros se quedaban haciendo fila durante horas para conseguir lugar. 

A diferencia del SAT en Estados Unidos, la prueba mide las habilidades básicas para aprender, en lugar del conocimiento, y el gobierno espera que ayude a incrementar el acceso a la universidad entre los estudiantes más pobres, incluidos los grupos indígenas. En la nueva Constitución aprobada en 2008 se eliminaron las colegiaturas en las universidades públicas, como otro paso para hacer que la educación sea más accesible para los pobres. 

El gobierno también busca mejorar la calidad de la enseñanza. Para 2017, todos los profesores deberán tener por lo menos una maestría, y se exigirá que muchos tengan doctorado. 
No será fácil. Algunos educadores dicen que los objetivos son demasiado ambiciosos. Sólo tres universidades en Ecuador imparten doctorados y otorgan el total de cerca de 20 títulos anuales, según René Ramírez, el secretario de educación superior, ciencia, tecnología e innovación del gobierno. 

En parte para incrementar el grupo de profesores calificados, el gobierno se embarcó en un ambicioso programa de becas. Hace unos años, el país otorgó becas de posgrado para estudiar en el extranjero a unos 20 estudiantes anuales. El año pasado fueron 1.070 los alumnos que recibieron beca. En el presente, Ramírez espera que la cantidad exceda los tres mil. 

Los estudiantes que reciben beca acuerdan retornar a Ecuador al terminar sus estudios y permanecer en el país por al menos el doble del tiempo que el gobierno pagó para que estuvieran fuera. El gobierno espera que sean catedráticos universitarios o que trabajen en el sector privado. 

Para llegar hasta este punto, Correa ha tenido que enfrentarse a algunas vacas sagradas de la izquierda. El proceso de evaluación del gobierno le hizo un agujero a la tradicional autonomía de las universidades.
 
Y aunque el surgimiento de las universidades de garaje ejemplifica la demanda de educación superior, Correa también dice que no todos los estudiantes podrían asistir a una. Él prefiere un sistema basado en los méritos, en el cual sólo los más talentosos irán a una universidad. La estrategia, dijo, es “hacer que las universidades sean más selectivas porque, al menos en el corto plazo, el país no tiene los recursos para ampliar grandemente su capacidad en términos de la cantidad de universidades”. 

Hasta hace poco ocurría lo opuesto. En los últimos 20 años surgió un sector artesanal en torno a la creación de universidades privadas pequeñas. Sin prácticamente ninguna normativa, la calidad de ellas era a menudo muy baja, aunque las ganancias podían ser bastante altas. 

Se ganaron el nombre de “universidades de garaje” porque a las peores les faltaba muchísimo para tener las instalaciones y los recursos académicos de las más establecidas. Algunas se especializaban en dar cursos en internet. La mayoría contrataba a profesores de medio tiempo, lo cual, según Ramírez, significó bajar la calidad de la enseñanza. Cerca de la mitad de los alumnos obtuvo el título en administración de negocios. Otro grado popular era la cosmetología. 

Después de que se las calificó a finales de 2009, se dio tiempo a las instituciones reprobadas para que realizaran mejoras antes de la siguiente ronda de evaluaciones, la cual está concluyendo ahora. Los resultados se anunciarán el mes entrante. 

No obstante, hay amplias expectativas de que se cerrarán al menos algunas escuelas. El gobierno se comprometió a que la mayoría de los estudiantes de esos planteles serán transferidos a otras universidades. 


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